...continuación...
Ya en la habitación, aislados
del vulgo y de sus problemas,
recuerdo que, emocionado,
¡ay, me temblaban las piernas!
y que al estrechar su cuerpo
con exageradas fuerzas,
un suspiro incontenido
se escuchó en la estancia entera.
Luego, en loco desenfreno
besé su boca sedienta...