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Como res al matadero - El villano en su rincón

Mañana, 13 de mayo de 2017, se cumplirán veinte años del asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua (Vizcaya) Miguel Ángel Blanco.

Recuerdo haber escrito en otras ocasiones, y con este mismo pseudónimo, sobre dicho asunto. Pero creo obligado volver a hacerlo ahora, en el vigésimo aniversario de aquella muerte, ya que además se dan otros motivos ajenos a ella que lo justifican como es la negativa de la alcaldesa de Madrid a colocar una pancarta en el moderno Ayuntamiento en conmemoración de aquel desgraciado crimen. Es cierto que a última hora parece que los señores de PODEMOS han reculado algo y sí estarán presentes en los dos actos que se celebrarán con ocasión del luctuoso suceso, pero su primera negativa a recordar nada ya habla por sí sola de qué madera están hechos. Habrá una sola pancarta, en un primer acto al parecer, pero no la solicitada por gran parte de los madrileños que no pertenecemos ni al PP ni a ningún otro Partido político sino que simplemente recordamos el asesinato a sangre fría de un muchacho de 29 años al cual le gustaba la música y que si se presentó a concejal de su pueblo fue por pura casualidad y no por ambiciones políticas. Junto con él se encerraron en el nicho las baquetas con las que tocaba la batería. ¡Era muy peligroso el chico, por lo visto y en opinión de unos canallas que solamente deseaban vengar la liberación del funcionario de Prisiones Ortega Lara!

Aquella tarde de sábado, como ya escribí hace años, yo regentaba el pub EL HOBBIT II – el que se quedó sin novela, porque fue cuando me dio por escribir Poesía – y tenía contratados a unos muchachos que se dedicaban a contar cuentos. Cuentacuentos se les llamaba y supongo que se les seguirá llamando de esa forma. Tenía 51 años y estaba en plena forma tanto física como económicamente. Además de significar un negocio, el pub era para mí también un objeto de diversión ya que me gustaba charlar con los clientes, muchachos jóvenes casi todos ellos, y disfrutar de la compañía de mis hijos trabajando los días que se acercaban a echar una mano.

Nos habíamos quedado sin varias clases de bebidas y el almacén donde solía comprarlo se encontraba cerrado, por ser sábado por la tarde como he dicho. Hoy en día ese almacén ya ni existe, al menos que se haya trasladado a otro sitio.
Así que tuve que acercarme al supermercado de El Corte Inglés de Goya, tenía mi flamante Opel Manta aparcado en una calle próxima, y adquirir unas cuantas botellas cuyo peso era excesivo para mí a pesar de mi fortaleza de entonces. Ya existían los móviles, los primitivos, por lo cual llamé a mi casa a mi hijo Francisco para rogarle que se acercase a echarme una mano. El hombre, un chaval de 23 años entonces, trabajaba como periodista que es en el Diario YA durante una corta etapa que este periódico volvió a editarse merced a un sinvergüenza. Y fue mi hijo quien me hizo saber la noticia del asesinato de Miguel Ángel Blanco y me manifestó su imposibilidad de ayudarme ya que tenía que salir a toda prisa hacia el periódico.

A trancas y barrancas, como pude, casi a rastras a ratos, conduje la mercancía hasta mi coche durante unos 400 metros. Luego, sudando, la cargué en el vehículo y ya marché hacia el pub.

Cuando llegó la hora de la actuación, las 12 de la noche, los cuentacuentos se hallaban charlando conmigo y con otros amigos de su edad, compañeros muchos de ellos del Colegio de los Agustinianos.

Su primera intención, y así lo manifestaron cuando comenzaron a hablar, fue no celebrar la función en memoria del muerto. Pero luego, una vez más se manifestó el valor de los madrileños, decidieron que sí y en honor a él.
No es necesario decir que su actuación fue todo un éxito y que los aplausos atronaron durante toda la noche el pub de la calle Sirio, en el Barrio de la Estrella.

Le echaron lo que tenían que echarle los chicos, cosa que no hacen ahora quienes nos gobiernan, y al acabar hubo uno de ellos que me rogó que pusiese una cinta de casette en el equipo de música que contenía el Himno Nacional de España. Si quien lee estas líneas piensa que por eso éramos “fachas” está muy equivocado. ´Simplemente, éramos españoles y manifestábamos nuestra mayor repulsa hacia aquel criminal acto.

Y eso es todo. El resto ya lo dirán los políticos que quieran “salir en la foto” el jueves.
Miguel Ángel, ¡descansa en paz, muchacho!

¡Hasta pronto!
 

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