Raúl Lionel
Miembro Activo
Una alondra de besos, un ramo de azaleas.
Las arpas del viento y mi violín en tu piel de eros.
Con latidos en llamas y santificadas dulzuras:
Tú, mi tierra prometida, mi evangelio de risas,
anídame en tus catedrales de salmos y sueños.
Polen de mis emociones, mágica zarza envolvente.
Angelical belleza, corcel de amor,
sé la luna que me acompañe en mis lecturas nocturnas
y, con tu alma en la mía en una sola eucaristía,
¡cosechemos palomas mensajeras y espigas como estrellas!
Oh, mujer, dulce mujer de profundidades albas:
hagamos un sitio donde permanecer elevados,
donde la apoteosis de las horas sea amarnos
que, en el corazón del poeta, el honor de tu nobleza
(cuando tú, con tu amor, en mi mirada penetras)
todo lo vuelve diáfano lo mismo que la luna llena.
Las arpas del viento y mi violín en tu piel de eros.
Con latidos en llamas y santificadas dulzuras:
Tú, mi tierra prometida, mi evangelio de risas,
anídame en tus catedrales de salmos y sueños.
Polen de mis emociones, mágica zarza envolvente.
Angelical belleza, corcel de amor,
sé la luna que me acompañe en mis lecturas nocturnas
y, con tu alma en la mía en una sola eucaristía,
¡cosechemos palomas mensajeras y espigas como estrellas!
Oh, mujer, dulce mujer de profundidades albas:
hagamos un sitio donde permanecer elevados,
donde la apoteosis de las horas sea amarnos
que, en el corazón del poeta, el honor de tu nobleza
(cuando tú, con tu amor, en mi mirada penetras)
todo lo vuelve diáfano lo mismo que la luna llena.
Última edición:
