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Deshielo voluntario

Valeria

Miembro Conocido
Este es el puente, continuación y respuesta lírica al poema Aislamiento de invierno


Deshielo voluntario

Ya es tarde para hablar, seguir el artificio,
resulta absurdo, sí..., no fue lo que esperaba,
no importa lamentarse, ¿quién va a cambiar el juicio?,
echada está la suerte, el tiempo ya se acaba.

Las promesas perdidas, deshechas en mi mano,
como flores resecas, de un florero sediento.
Vi como se escapaba mi primavera en vano,
tan única y exacta, voy perdida en el viento.

Ante el golpe me armé, con prudencia extremista,
y me ordené a mí misma, basta ya de locuras,
prohibido el apostar mi corazón de artista,
prohibido abandonar las llaves inseguras...

para que entre cualquiera, son mejor los candados
y atrancar las ventanas, no andar a la ligera.
a no aceptar los gestos del cariño añorados,
ni mirar con anhelo aunque mi vista ardiera.

Encerrando las ganas hasta quedar helada
y mantener los sueños ocultos bajo llave,
prohibiendo a la pasión llamar acalorada,
para dejarla entrar solo si el hielo es suave.

En fin, suele decirse, que el amor frío alcanza,
nace firme y seguro en la tormenta de hielo.
Y aunque buscando calma, perdí toda esperanza,
en mis manos las flores, sin la fuerza del suelo.

Pétalos de verano, secos entre una esquela
revelan la verdad, por miedo al desamor
dejo pasar mi vida y el alma se rebela.
¡Al diablo con cautelas!, si pierdo no habrá error.

Si el juego es peligroso, me arriesgo, voy, lo enfrento
Si quiero abrir las puertas, miraré bien de frente.
Yo lo haré antes de enero, antes de mi aislamiento,
antes que el hielo cubra mi puerta y mi vertiente.

Así que yo abriré de par en par las puertas,
cantaré desde el alba y apostaré en el juego
regalando mi afecto con las manos abiertas
y si hay pasión y chispa, que me consuma el fuego.

 
¡Maravilloso, Valeria! Tus versos, además de perfectos. son de una delicadeza extraordinaria, y eso hace disfrutar con su lectura.

Un beso.
veo que José Luis sigue encontrando «delicadeza extraordinaria» donde nosotros estamos discutiendo una inmolación de tercer grado. Es la maravilla de la obnubilación lírica: donde él ve un ballet clásico en la nieve, yo veo un choque de trenes en cámara lenta. Pero dejemos a José Luis tranquilo con sus besos y sus nubes de azúcar; alguien tiene que equilibrar el pH de este foro y mantener las buenas costumbres. Donde José Luis ve excelencia métrica y rima, que la hay, yo intento ver algo más, que lo encuentro..

Bueno, estimado José Luis, no me dejas otra opción que analizar esto desde el otro lado del puente...

Aunque , por esta vez, sigamos con las adulaciones...


Valeria, colega de las escarchas, póngase cómoda pero no se quite el abrigo todavía.

Como viejo, poetastro y sobre todo como alguien que se dedica al noble oficio de demoler la poesía para ver de qué están hechos los ladrillos, he leído su «Deshielo voluntario». Usted nos lo presenta como un puente, como la otra orilla a su Aislamiento de invierno. Y debo decirle que, arquitectónicamente hablando, es un puente de diseño espeluznante. Y lo digo como el mejor de los halagos.

Verá, en la historia del arte, cuando pasamos del inmaculado romanticismo invernal —piense en El mar de hielo de Caspar David Friedrich— a la otra orilla, no llegamos a un pradecito verde con conejos. El deshielo es sucio, Valeria. El deshielo es fango, es la nieve revelando los cadáveres de las hojas del otoño anterior, es el agua desbordando las cañerías. Y usted lo sabe. Por eso su poema me parece de una inteligencia brutal: porque narra el terror absoluto que da estar vivo.

Permítame diseccionar este puente suyo con el escalpelo del antipoeta:

La arquitectura del pánico (Estrofas I a V)
Usted arranca con una métrica que pesa. Versos largos, solemnes, alejandrinos arrastrando los pies en la nieve: "Ya es tarde para hablar, seguir el artificio...". Como poetastro le aplaudo el uso del serventesio; como antipoeta, le digo que esa formalidad es su mecanismo de defensa.

Usted se encierra. "Prohibido abandonar las llaves inseguras... para que entre cualquiera, son mejor los candados". Aquí la literatura española clásica aplaudiría su prudencia borgeana o quevediana (ese "hielo abrasador" del que huimos). Ha construido un búnker de alta seguridad para proteger un "corazón de artista". Es comprensible. El problema de los búnkeres, Valeria, y esto se lo dice un viejo (de seguro José Luis estará de acuerdo conmigo, o no), es que al final uno nunca sabe si construyó una fortaleza o un mausoleo. Usted misma lo admite: "Encerrando las ganas hasta quedar helada".

La ironía de proteger la vida asfixiándola es un chiste macabro que a los seres humanos nos encanta contarnos antes de dormir.

El punto de no retorno (Estrofas VI a VII)
Aquí es donde el poema da un volantazo que me arranca una sonrisa torcida. Encuentra unos pétalos secos entre una esquela. Naturaleza muerta. Y entonces el alma se le rebela.

"¡Al diablo con cautelas!, si pierdo no habrá error."

Este es el clímax antipoético por excelencia. Es el momento en que el maniquí romántico se quita la peluca, patea el florero reseco y decide que prefiere morir atropellado en la autopista antes que de aburrimiento en el museo. Se da cuenta de que el "amor frío" es un oxímoron para cobardes. Perder por apostar es trágico; perder por no jugar es, sencillamente, ridículo.

La otra orilla (Estrofas VIII a IX)
Y llegamos a la otra orilla del puente. "Yo lo haré antes de enero, antes de mi aislamiento".

Usted decide abrir las puertas de par en par. Pasar del hielo al fuego. "Y si hay pasión y chispa, que me consuma el fuego".

Valeria, esto es simpático y espeluznante a partes iguales. Simpático, porque hay una vitalidad arrolladora en su decisión, una valentía casi suicida que da ganas de invitarla a un café para ver el mundo arder juntos. Espeluznante, porque como buen lector de tragedias, sé que el fuego no sabe de metáforas. El fuego quema de verdad. Las quemaduras de tercer grado en el ego y en el ventrículo izquierdo duelen horrores.

Pero ahí radica la genialidad de su puente. Usted no está cruzando hacia la "felicidad garantizada". Usted está cruzando hacia la vulnerabilidad absoluta. Está firmando su renuncia a la hipotermia para aceptar la posibilidad del incendio.

En resumen, señora Bugorskaya:

Su poema no es una delicada pieza de salón. Es un manifiesto de supervivencia a través del riesgo. Ha usado el andamiaje solemne de la poesía tradicional para colar un mensaje de contrabando: que la seguridad es una estafa.

Como antipoeta, me quito el sombrero de copa (que, por cierto, me queda grande y está apolillado). Ha logrado usted cruzar el puente. Ahora, si me disculpa, me voy a alejar un poco de su puerta. Si va a abrirla de par en par para que entre el incendio, prefiero mirar el espectáculo desde una distancia prudente, tomando notas.

Salud, y que disfrute las llamas.
 
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Valeria

Miembro Conocido
¡Maravilloso, Valeria! Tus versos, además de perfectos. son de una delicadeza extraordinaria, y eso hace disfrutar con su lectura.

Un beso.
Querido José Luis, recibo tu beso y tus generosas palabras con el corazón agradecido; tu bondad siempre es un abrigo inmenso para mis letras. Y a usted, mi sagaz y querido Francisco, ¿qué puedo decirle? Su bisturí de antipoeta ha tocado el hueso mismo de mis versos. Tiene toda la razón: el deshielo jamás es pulcro, y huir del mausoleo del invierno exige aceptar el fango, la vulnerabilidad y la inminencia de la quemadura. Me conmueve profundamente que haya sabido leer, bajo esa métrica solemne, el terror absoluto que nos da el simple hecho de estar vivos y atrevernos a sentir.

Le prometo, Francisco, que si el incendio finalmente me alcanza al abrir esas puertas de par en par, procuraré que las llamas ardan con la suficiente claridad para que usted, desde su prudente y sabia distancia, pueda seguir tomando tan magníficas notas. Un abrazo muy cálido para ambos desde este pequeño rincón donde el hielo y el fuego aún intentan firmar la paz.
 

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