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El Gran Espectáculo del Can Nochero (No lea si anda corto de tiempo) No se meta en huevadas mejor...

Señoras y señores, yo vengo a relatar con orgullo y sin un solo lamento la obra que tenemos por delante. Como maestro de ceremonias, poetastro y arquéologo de las palabras, he dividido este prólogo en las proporciones exactas que la ocasión amerita. ¡Que se abra el telón!

Parte 1 Introducción

El Gran Espectáculo del Can Nochero

[El Tema - 30%]


Señoras y señores, yo vengo a relatar
la cómica epopeya de un quiltro familiar.
Un perro muy anciano, lanudo, sordo y ciego,
que arrastra las caderas sin fuerza y sin sosiego.

Mas cuando cae la noche sobre el nuevo recinto,
despierta en el canino su fantasmal instinto:
patrulla los pasillos buscando a los finados
—los suegros de esta historia, que ya fueron llamados—.
Y mientras los fantasmas pasean en pijama,
el dueño y su señora no duermen en su cama.

[Las Formas - 30%]

Para ilustrar el caso de tan noble nochero,
desplegué un abanico de estilo pintoresco:
entramos con el verso, solemne y verdadero,
y luego vengo yo con un tono burlesco.

De la antipoesía, con su ironía pura,
saltamos a la Rusia del verso inacabado,
forjamos un soneto de excelsa arquitectura,
y armé la gran sextina que la historia ha mandado.

[Las Rimas y la Métrica - 30%]

¡Y todo esto tallado con pulso de reloj!
Contando catorcenas, cazando sinalefas,
cortando el hemistiquio con filo de una hoz,
logrando que no rompan el ritmo las cenefas.
La quinta va vacía, la séptima se calla,
la sexta lleva el peso con fuerza de un titán,
así es como el idioma despliega su batalla
y rima en consonante los pasos de este can.

[Verso Libre y Remate - 10%]

Así que tomen asiento.
Abran bien los oídos.
Aquí no hay quejas,
solo el vano trabajo de un poeta,
un desvelo...
y un perro haciendo ruidos.


Parte 2 La forma

El Centinela Lanudo


Es un perro sin raza, de pelo muy lanudo,
y sordo y medio ciego, y el cuerpo ya cansado.
A veces se desploman sus piernas a menudo,
por falta de las fuerzas o músculo gastado.

Descansa todo el día, profundo en su aposento,
mas cuando la penumbra se posa en la morada,
comienza su paseo, con paso macilento,
y hace de centinela cuidando la jornada.

Llegamos hace un año a esta casona triste,
hogar de la familia y suegros ya finados,
y el perro desde entonces de guardia se reviste,
rodando por las piezas con pasos reservados.

¿Qué busca en el silencio, qué sombra lo fascina?
¿Acaso los fantasmas que cruzan los umbrales?
Respira la neblina que el hombre no adivina,
tal vez persigue el rastro de mundos inmortales.

Y ahora el perro viejo, fantasma de la noche,
patrulla los pasillos, sin oro ni medallas,
haciendo su trabajo, sin queja ni reproche,
velando a los que duermen detrás de las murallas.

Parte 3 La antipoesía

El Perro Nochero

(o El guardián de los suegros)

Para que quede claro desde el principio:
este no es un perro de pedigrí.
Es un estropajo lanudo blanco
más sordo que una tapia
y que apenas ve un metro por delante.

A ratos se le cae el tren trasero
—puro pellejo y falta de musculatura—
como si la fuerza de gravedad
le tuviera mala voluntad al pobre diablo.

De día:
estrictamente un cadáver.
Una alfombra que respira.
No mueve ni la cola.

Pero apenas se corta la luz del sol
el quiltro se levanta,
ficha la entrada
y empieza a dar rondas por la casa.
Camina de arriba a abajo.
Un nochero que no cobra sueldo ni pide vacaciones.

Esta manía le dio hace un año,
justo cuando nos cambiamos a esta casa.
La casa de los papás de mi señora
(que en paz descansen).
Ambos murieron aquí mismo,
en sus propias camas, desahuciados.
Él en el 90. Ella el 2021.

¿Qué vigila el perro en la madrugada?
¿A quién demonios le ladra con la mirada?
¿Se pasea con los suegros por el living?
¿Los espanta o les hace compañía?

Misterio de la naturaleza.
A lo mejor, en su senilidad absoluta,
solo está haciendo tiempo
para que los muertos se levanten
y le sirvan de una vez por todas
su plato de comida.

Parte 4 Lo inconcluso

Fragmento sobre el animal nocturno


Un perro blanco y sordo duerme bajo la mesa.
No se mueve. Sus patas traseras son de trapo.
Parece un abrigo viejo olvidado en el suelo.

A las dos de la madrugada, las cosas cambian de lugar.
El perro se levanta sin fuerzas, pero camina.
Va de la cocina al pasillo.
Del pasillo a la puerta de los viejos que ya no respiran.

El perro se detiene frente a la oscuridad.
No ve nada.
No oye nada.

Sin embargo, mueve la cola hacia el rincón vacío
y alguien, desde la sombra, le silba despacio.

El reloj de la pared se detiene.
Y entonces...


Parte 5 La sextina

Sextina del Guardián Lanudo


La vida de este perro, / de pelo sucio y blanco,
cuando llegó a la casa, / ya transformada en ruinas,
arrastra lentos pasos / de nuestro pobre ciego,
y al avanzar la noche, / comienza su alta guardia,
buscando aquellos dueños, / perdidos en las sombras,
ahora todos muertos, / vencidos por el tiempo.

Quedaron solos muertos, / perdidos en el tiempo,
a mi querido perro, / bola de pelo blanco.
Parece ver los dueños / ocultos en las sombras
que viven en la casa, / llorando por las ruinas,
a mitad de la noche, / continúa su guardia,
se escuchan esos pasos, / de nuestro amigo ciego.

No se detienen pasos / de nuestro pobre ciego,
que cuida de los muertos / burlándose del tiempo,
envuelto por la noche / arranca con su guardia,
infatigable perro / bajo su pelo blanco.
Recorre nuestra casa / y sus oscuras ruinas,
para animar los dueños / que flotan en las sombras.

Se quedan esos dueños / detrás de varias sombras,
Ellos no escuchan pasos / del silencioso ciego,
que va por toda casa / sin importar las ruinas,
así descansan muertos / liberados del tiempo.
No se detiene el perro / como un fantasma blanco,
se mezcla con la noche / para seguir la guardia.

Al medio de la noche / avanza en esta guardia,
Acompañando dueños / perdidos en las sombras.
Camina nuestro perro / de pelo rizo y blanco,
Se sienten esos pasos / de nuestro dócil ciego,
Cuando vigila muertos / inmóviles al tiempo.
Él protege la casa / antes que caiga en ruinas.

Y aunque recorre casa / tropezando con ruinas,
no le teme a la noche / y mantiene la guardia,
Respeta a aquellos muertos / ya borrados del tiempo.
Son ahora sus dueños / dibujados en sombras,
Si escucha nuestros pasos / se detiene este ciego.
Nuestro valiente perro / parece un ángel blanco.

Va el perro por la casa, / blanco en medio de ruinas,
con pasos en la noche, / ciego que hace su guardia,
dueños entre los muertos, / sombras fuera del tiempo.


Parte 6 El Soneto

Despedida del Can Noctámbulo


Un vejo perro de gastado brío
—que sordo y ciego en la penumbra habita—
al tren trasero su vigor le quita
salvo si el sol padece su desvío.

En la casona del hogar tardío,
donde la muerte con su fin visita
a los abuelos cuya voz marchita
dejó un silencio de misterio y frío,

hace el lanudo su nocturna ronda.
Para cantar su mística faena
se alzó primero el alejandrino rítmico;

bajó a la prosa de ironía honda,
vistió el fragmento de la estepa ajena
y se hizo sextina en el rigor olímpico.
 
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