DR Jose Roberto Hernandez
Miembro Conocido
La estrella de primaria
Confundido en mi mudada y con el ansia de poner luz fría en toda la casa, compré unas bombillas equivocadas que poco o nada alumbraban. Regresé a la tienda y volví a errar en los dichosos foquitos.
Cansado, medio malhumorado y burlándome de mi mismo, esperé la noche y cacé una estrella, una de esas que se acerca demasiado por temporadas.
Recordé un viejo experimento de la infancia y la coloque sobre un algodón húmedo en un pomo de mermelada.
Al día siguiente, la estrella dormitaba, pero al segundo, el algodón se hinchó como si brotara.
Uno de los picos de mi dama (La estrellita del consuelo), comenzó a erguirse dentro de su morada; esa de paredes de cristal, redonda, regular y de boca ancha.
Al quinto día echó dos ramas y mi estrella en la base ya se doblaba. Nacieron un par de rayos de sus hojas y en cada extremo un botón se asomaba y por supuesto, era asombroso como brillaba. Alimenté entonces mi experimento con ternura y el mal rato de la tienda ya se me olvidaba.
Me fui a trabajar al día siguiente y al llegar bien tarde en la noche, el pomo y la estrella me esperaban con una sonrisa que no esperaba.
Tenía la casa repleta de luz y en cada uno de los cuartos habitaba una de las ramas, las hojas se
movían llegando a cada rincón de la cama.
Yo sonreí, tome un descanso en mi casa iluminada y les juro que lo que les cuento, no me costo de veras...Nada de dinero, pero nada, nada.
Vampi
Confundido en mi mudada y con el ansia de poner luz fría en toda la casa, compré unas bombillas equivocadas que poco o nada alumbraban. Regresé a la tienda y volví a errar en los dichosos foquitos.
Cansado, medio malhumorado y burlándome de mi mismo, esperé la noche y cacé una estrella, una de esas que se acerca demasiado por temporadas.
Recordé un viejo experimento de la infancia y la coloque sobre un algodón húmedo en un pomo de mermelada.
Al día siguiente, la estrella dormitaba, pero al segundo, el algodón se hinchó como si brotara.
Uno de los picos de mi dama (La estrellita del consuelo), comenzó a erguirse dentro de su morada; esa de paredes de cristal, redonda, regular y de boca ancha.
Al quinto día echó dos ramas y mi estrella en la base ya se doblaba. Nacieron un par de rayos de sus hojas y en cada extremo un botón se asomaba y por supuesto, era asombroso como brillaba. Alimenté entonces mi experimento con ternura y el mal rato de la tienda ya se me olvidaba.
Me fui a trabajar al día siguiente y al llegar bien tarde en la noche, el pomo y la estrella me esperaban con una sonrisa que no esperaba.
Tenía la casa repleta de luz y en cada uno de los cuartos habitaba una de las ramas, las hojas se
movían llegando a cada rincón de la cama.
Yo sonreí, tome un descanso en mi casa iluminada y les juro que lo que les cuento, no me costo de veras...Nada de dinero, pero nada, nada.
Vampi
