Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Francisco
- No quieres que yo te quiera
y yo sí quiero quererte,
Si tú no me dejas verte
es muy posible que muera.
Porque con el alma entera
te quiero, niña querida.
Nunca he sentido en mi vida
tan dulce este sentimiento,
porque es algo que lo siento
de forma desconocida. -.
María Inés
- Me lanzas un desafío
cuando dices que me quieres,
sabes que a veces me hieres
y otras muchas no confío.
Eres de genio bravío,
por eso si me enamoras
debes saber sin demoras
que necesito ternura,
amor que sea locura.
¡No me digas que me añoras! -.
Francisco
- Nunca diré que te añoro
pues se añora lo perdido
y yo a ti no te he tenido
mas dices que te enamoro.
Eso vale más que el oro
son palabras de esperanza
y, si a entenderlas alcanza
mi mente, llenas de amores.
No me des, pues, sinsabores
¡Dame tu amor sin tardanza! -.
María Inés
- Darte mi amor yo no puedo,
te lo he dicho muchas veces,
ya no sigas en tus treces
y a tu acoso retrocedo.
Es que a veces me das miedo
con esa insistencia tuya,
no dejas que este amor fluya
como debe ser, tranquilo,
y por eso es que vacilo,
¡Mi pasión haces que huya! -
Francisco
- ¿Ternura pides? Ternura
sin duda darte sabré
porque seguro si sé
que no es ninguna aventura
Tampoco es una locura
de aquellas de juventud,
me encuentro en mi plenitud
como poeta y artista
lo cual exige que vista
mis versos con pulcritud.-.
María Inés
- Tal vez me des la ternura
que mi corazón reclama,
así debe hacer quien ama
sin pensar y sin mesura.
De una cosa estoy segura,
tengo el nombre bien guardado
de un amor por mi soñado
que ocupa toda mi mente,
sé que me ama y me consiente,
él mismo lo ha confesado. -.
Francisco
- Él mismo te ha confesado...
¡A saber qué confesó!
Al igual que lo estoy yo,
¿no dices que está casado?
Aun si está en el mismo estado
puede haber gran diferencia,
porque yo tengo paciencia
y, sobre todo, respeto.
Sé callar y soy discreto
y actúo con gran prudencia. -.
María Inés
- ¡Pardiez! Dime, ¿por qué inventas?
Mi amor es hombre de bien,
con él siempre digo amén,
te reto a que lo desmientas.
Si en verdad quieres o intentas
que mi cariño te entregue
te agradezco no te ciegue
el absurdo de los celos,
quiero llegar a los cielos,
no que conmigo se juegue. -.
Francisco
- Jugar contigo no quiero
ni tampoco tratar mal
a ese supuesto rival,
mas observa si es sincero.
Yo sí lo soy, ¡por mi acero
puedo jurarlo, amor mío,
si es que acepta un desafío!
Mas sospecho que no quiera,
porque al final esa "fiera"
antes que un hombre es un crío.-.
María Inés
- Tratarlo mal tú no quieres
y sin embargo lo retas,
me parece que son tretas
porque sabes que me hieres.
Te ruego que no te alteres,
no pierdas las esperanzas
a ver si mi amor alcanzas,
eso sabrás algún día
si sigues en la porfía,
pero no quiero venganzas.-.
Francisco
- No me he vengado en mi vida,
no soy nada rencoroso,
más si el premio es tan hermoso
sabré ganar la partida.
La suerte está decidida:
O eres mía o eres suya.
Perdona que me inmiscuya
en un asunto importante.
Él te querrá como amante.
Yo decir: - Mi vida es tuya. –
María Inés
- Es que prefiero pensar
en un caballero andante,
bien vestido y elegante
que me quiera cortejar.
Y debo hacerte notar
que el príncipe de mis sueños
no tendrá los pies pequeños,
llevará corona y capa,
me llamará siempre ¡guapa!
y no tendrá malos ceños. -.
Francisco
- ¿Un caballero elegante
sueñas tú? Sólo es soñar,
eso no se suele dar
en un caballero andante.
Y el hombre fino y galante
es especie en extinción,
se cambió tener razón
por llenar la billetera.
¡Bien repleta mi cartera
que digan que soy ladrón!-.
María Inés
- ¿Por qué no puedo soñar
si pudo la Cenicienta?
Ella consiguió su renta
después de un buen batallar.
Para poder conquistar
a un azul príncipe hermoso,
dejó caer en un foso
su zapato de cristal,
¡Qué buena idea!, ¡Genial!
Aquello fue muy gracioso. -.
Francisco
- ¿Un zapato de cristal?
Pues tuvo suerte la tía,
porque al calzarse podría
haberse cortado. Igual
va a resultar que, al final,
el zapato era de acero
y, al chocar con el mortero,
por eso no se rompió
Porque el golpe que se dio
en nada fue muy ligero.-.
María Inés
- Pues no, era un zapato bello
todo forrado en cristal,
se sentía ella genial
y lucía su destello.
Su príncipe era tan bello
que enseguida enamoró,
entre abrazos la tomó
y fueron todos felices,
se comieron mil perdices
y este cuento se acabó. -.
Francisco
- Este cuento se acabó
porque lo quiso la dama
y, puesto que ella es el ama,
la historia finiquitó.
Si es que al lector le gustó
pasaremos el platillo,
que tengo roto el bolsillo
y ando mal de numerario.
Rebuscar no es necesario,
con billetes más sencillo. -.
- No quieres que yo te quiera
y yo sí quiero quererte,
Si tú no me dejas verte
es muy posible que muera.
Porque con el alma entera
te quiero, niña querida.
Nunca he sentido en mi vida
tan dulce este sentimiento,
porque es algo que lo siento
de forma desconocida. -.
María Inés
- Me lanzas un desafío
cuando dices que me quieres,
sabes que a veces me hieres
y otras muchas no confío.
Eres de genio bravío,
por eso si me enamoras
debes saber sin demoras
que necesito ternura,
amor que sea locura.
¡No me digas que me añoras! -.
Francisco
- Nunca diré que te añoro
pues se añora lo perdido
y yo a ti no te he tenido
mas dices que te enamoro.
Eso vale más que el oro
son palabras de esperanza
y, si a entenderlas alcanza
mi mente, llenas de amores.
No me des, pues, sinsabores
¡Dame tu amor sin tardanza! -.
María Inés
- Darte mi amor yo no puedo,
te lo he dicho muchas veces,
ya no sigas en tus treces
y a tu acoso retrocedo.
Es que a veces me das miedo
con esa insistencia tuya,
no dejas que este amor fluya
como debe ser, tranquilo,
y por eso es que vacilo,
¡Mi pasión haces que huya! -
Francisco
- ¿Ternura pides? Ternura
sin duda darte sabré
porque seguro si sé
que no es ninguna aventura
Tampoco es una locura
de aquellas de juventud,
me encuentro en mi plenitud
como poeta y artista
lo cual exige que vista
mis versos con pulcritud.-.
María Inés
- Tal vez me des la ternura
que mi corazón reclama,
así debe hacer quien ama
sin pensar y sin mesura.
De una cosa estoy segura,
tengo el nombre bien guardado
de un amor por mi soñado
que ocupa toda mi mente,
sé que me ama y me consiente,
él mismo lo ha confesado. -.
Francisco
- Él mismo te ha confesado...
¡A saber qué confesó!
Al igual que lo estoy yo,
¿no dices que está casado?
Aun si está en el mismo estado
puede haber gran diferencia,
porque yo tengo paciencia
y, sobre todo, respeto.
Sé callar y soy discreto
y actúo con gran prudencia. -.
María Inés
- ¡Pardiez! Dime, ¿por qué inventas?
Mi amor es hombre de bien,
con él siempre digo amén,
te reto a que lo desmientas.
Si en verdad quieres o intentas
que mi cariño te entregue
te agradezco no te ciegue
el absurdo de los celos,
quiero llegar a los cielos,
no que conmigo se juegue. -.
Francisco
- Jugar contigo no quiero
ni tampoco tratar mal
a ese supuesto rival,
mas observa si es sincero.
Yo sí lo soy, ¡por mi acero
puedo jurarlo, amor mío,
si es que acepta un desafío!
Mas sospecho que no quiera,
porque al final esa "fiera"
antes que un hombre es un crío.-.
María Inés
- Tratarlo mal tú no quieres
y sin embargo lo retas,
me parece que son tretas
porque sabes que me hieres.
Te ruego que no te alteres,
no pierdas las esperanzas
a ver si mi amor alcanzas,
eso sabrás algún día
si sigues en la porfía,
pero no quiero venganzas.-.
Francisco
- No me he vengado en mi vida,
no soy nada rencoroso,
más si el premio es tan hermoso
sabré ganar la partida.
La suerte está decidida:
O eres mía o eres suya.
Perdona que me inmiscuya
en un asunto importante.
Él te querrá como amante.
Yo decir: - Mi vida es tuya. –
María Inés
- Es que prefiero pensar
en un caballero andante,
bien vestido y elegante
que me quiera cortejar.
Y debo hacerte notar
que el príncipe de mis sueños
no tendrá los pies pequeños,
llevará corona y capa,
me llamará siempre ¡guapa!
y no tendrá malos ceños. -.
Francisco
- ¿Un caballero elegante
sueñas tú? Sólo es soñar,
eso no se suele dar
en un caballero andante.
Y el hombre fino y galante
es especie en extinción,
se cambió tener razón
por llenar la billetera.
¡Bien repleta mi cartera
que digan que soy ladrón!-.
María Inés
- ¿Por qué no puedo soñar
si pudo la Cenicienta?
Ella consiguió su renta
después de un buen batallar.
Para poder conquistar
a un azul príncipe hermoso,
dejó caer en un foso
su zapato de cristal,
¡Qué buena idea!, ¡Genial!
Aquello fue muy gracioso. -.
Francisco
- ¿Un zapato de cristal?
Pues tuvo suerte la tía,
porque al calzarse podría
haberse cortado. Igual
va a resultar que, al final,
el zapato era de acero
y, al chocar con el mortero,
por eso no se rompió
Porque el golpe que se dio
en nada fue muy ligero.-.
María Inés
- Pues no, era un zapato bello
todo forrado en cristal,
se sentía ella genial
y lucía su destello.
Su príncipe era tan bello
que enseguida enamoró,
entre abrazos la tomó
y fueron todos felices,
se comieron mil perdices
y este cuento se acabó. -.
Francisco
- Este cuento se acabó
porque lo quiso la dama
y, puesto que ella es el ama,
la historia finiquitó.
Si es que al lector le gustó
pasaremos el platillo,
que tengo roto el bolsillo
y ando mal de numerario.
Rebuscar no es necesario,
con billetes más sencillo. -.
Última edición:
