Miguel Francisco Romero
Nuevo Miembro
LAS COSAS SIMPLES. Parte (IV)
© Derechos Reservados del texto. (III) Archivo: 10/2012
Autor: Miguel F. Romero 20/05/2013. Argentina.
La mayoría de los argentinos, que hemos pasado un poco más de la mitad de la vida, creo que por ser hijos de esta bendita tierra, y por necesidad, somos especiales.
Hemos adquirido la capacidad y la virtud de ser supervivientes, médico de la familia, trabajadores multifunción, buenos cocineros de ricos platos con magros presupuestos, muchas veces sobrevivir con lo que no alcanza, y eficientes economistas. Y muchas cosas más, más por necesidad que por obligación.
Tú crees que eres el más capacitado? Que aprendiste todo? Que ya lo sabes todo? ¿Te sientes superior? Una absurda utopía. Siempre habrá algo que no sabes, y lo tendrás que aprender. Lo bueno es que puedas conseguir alguien que te lo enseñe. Y que tú, puedas aprender. Y antes que sea demasiado tarde.
Trata, en lo posible de no decidir nada apurado, cualquier resultado logrado, puede ser el no esperado. Y no dejes que te apuren. Mira hacia arriba para despejarte y pensar con tiempo, y resuelve sin prisa pero sin pausa, como el movimiento de las estrellas. Y decide con la persistencia y fuerza del sol.
Infinidad de veces solemos pensar sobre algunas personas,” ¡qué increíble lo que pueden hacer, mira donde llegaron por sus logros!” y pensamos que esas personas tienen algún don mágico que les permite hacer maravillas a nuestros ojos. Y creo que no es así, son personas que tienen la fuerza de voluntad y la disposición para llegar a sus metas, sin amedrentarse, sin miedo a los cambios. Nosotros, también podremos hacerlo. Y tal vez, mejor que ellos.
En nuestro país, donde pagamos todo tipo de impuestos, y hasta por adelantado, de lo que presumiblemente, con mucho esfuerzo nos fue posible ganar, siempre buscamos a los mejores expertos en la materia, para asesorarnos.
Aquellos expertos que lograron por algún motivo, reducir la carga impositiva de sus clientes, ya se ganaron un lugar en el más maravilloso de Los Cielos.
Cuando vemos todos los colores con alegría, le sonreímos hasta a los agentes del tránsito, encontramos a todas las flores hermosas, el arco iris tiene más colores de los que tiene, todo nos parece bonito, hasta bajamos de peso sin hacer dieta, y la vida nos sonríe, el único responsable de todo esto es el amor, y seguro que estamos enamorados.
Trata de vivir siempre fijándote metas, y cumplirlas. Otórgale el tiempo necesario, pero debes llegar con tiempo suficiente para gozar de tus logros.
Hazlo paso a paso, y no pienses en utopías, a las que no llegarás nunca.
Nunca pierdas las esperanzas, al ser humano le es imposible vivir sin la esperanza latiendo en su alma. Si la pierdes te sentirás un perdedor, y odiarás la vida misma.
En el tiempo de la vida, existen muchas cosas que de alguna manera, pueden obligarse, poro nunca podrás obligar o forzar al amor, porque el verdadero amor toma como base la libertad de cada uno y la igualdad de los derechos.
Confía en el sentimiento del amor, porque sabe distinguir lo que será bueno para los que se aman de verdad. Pero amar realmente de verdad, con alma y corazón.
Muchos amores contrariados nunca llegarán a ser amor. El verdadero amor se conjuga en la fusión de dos cuerpos y dos almas, en el fuego sagrado de la pasión y el puro sentimiento de amar, y sin límites.
Creo que el pudor, embellece a la mujer, y extraordinariamente, llenándola de luz.
Y es un sentimiento que sólo se permite ceder totalmente y con intensidad, ante otro sentimiento, el supremo sentimiento: el amor.
Cuando nos llegue a todos El Día del Juicio Final, la mayoría de los abogados, con las excepciones de la regla, no tendrán defensa posible, y menos conseguirán abogados defensores, y aún menos todavía algún testigo a favor. Y no tendrán chicanas jurídicas ni ninguna apelación posible. Pero pienso que se asegurarán a algún corrupto en el infierno, para quemarse con privilegios.
Hay muchas cosas realmente misteriosas que para una mente normal son inexplicables.
Pero nada tan misterioso como el ser humano, su vida y su muerte.
Cada día que pasa, en el tiempo de mi vida, siento que me alejo de las cosa que más quiero, e indubitablemente, me acerco a lo que no quiero. Sigo buscando en mi espíritu un lugarcito tranquilo para mi confesionario. Monacal, con mucha luz, lleno de perfume a libros, silencioso, austero, donde, rigurosamente, mi implacable conciencia, castigue o premie mi sinceridad, íntimamente.
A pesar de todo, soy lo que soy. Y estoy seguro más me conocen mis nietos que mis hijos. Porque ahora tengo un poco más de tiempo para ellos, porqué soy doblemente padre, soy su abuelo. Pero es una utopía tener primero nietos, seria hermoso, creo que seriamos más puros.
A veces pienso que me iré de esta vida, que creo que me pesa como la Cruz de Cristo. Siento que no puedo más, sobreviviendo, destruyendo mi estómago con una variedad de diez pastillas diferentes, en tamaños y colores, terriblemente cansado, con mi corazón desgajado, latiendo ayudado por un marcapasos. Pero escucho un “te amo, papá”, o “toma las pastillas, mi viejito”, o un “hola lelo” del mayor de mis nietos, ya con la voz de casi un hombre, que me besa igual a cuando era niño, o “abuelo, te quiero”, o una vocecita que me grita “Abuelito” y me tira de los pantalones para que lo alce en mis brazos, y allí todos me retan porqué pesa más de diez kilos y no debo hacerlo, pero no me importa, lo hago igual, y sonrío, y estoy feliz con el bullicio de todos ellos, y no me quejo más y renazco de mis propias cenizas.
Con presupuestos de gastos monstruosos, seres humanos elegidos por nosotros, se reúnen solamente unas pocas veces al año, a pesar que cuentan con veinte pasajes mensuales de avión de primera clase, que los pagamos nosotros con los impuestos, para sólo imaginar y aprobar leyes que sirvan a los intereses de los poderosos, y nunca se acuerdan de los pobres y desposeídos, y menos aun de los que les pagamos los pasajes. Pasajes que terminan canjeándolos por dinero, sin escrúpulos.
No es cierto aquello de que los delincuentes entran a las cárceles por una puerta y salgan por la otra. Salen recién afeitados, impecables, con un auto último modelo esperándolos, rodeados de abogados que casi es imposible pagarles sus jugosos honorarios, vestidos con costosos trajes, y lo hacen por la misma puerta, muy serios y compungidos, diciéndoles a los periodistas, SOY INOCENTE.
Decir aquello de “el hombre y sus circunstancias” es, como todas las cosas, relativo.
Yo creo que el ser humano es el que crea las circunstancias, y no éstas al ser humano.
Estoy convencido que para que el ser modifique sus circunstancias, debe utilizar su fuerza interior y sus comportamientos cotidianos. Y luego proyectarlos al entorno y al mundo.
Nunca entendí, porque les tapan el rostro a los asesinos y delincuentes que son detenidos “infraganti” .¿ Para qué les preservan el anonimato? Para que nos asalten o nos maten y no podamos identificarlos y denunciarlos? Inexplicable. Y para nuestra burla, cuando salen “con permiso extramuros”, no pasan más de cuarenta y ocho horas para que maten a otro inocente.
Recuerdo con nostalgia y melancolía, aquellos tiempos, donde había tiempo, y todavía tenía tiempo. Y para todo.
La libertad es una condición primordial del ser humano, muy valiosa, pero es un derecho, y no un privilegio de unos pocos. Es nuestra independencia para decidir. Enseñemos a las generaciones venideras a hacer uso de ese derecho, y las preparemos convenientemente. Así evitaremos que los corruptos de siempre, la utilicen como más le convenga a sus propios intereses.
Creo que todos los que vivimos intensamente siempre nos sentimos enfermos incurables de algo. Me confieso enfermo incurable del amor. Y de amar.
El día que dude sobre la moral, mi conciencia me habrá abandonado, y estaré y me sentiré irremediablemente perdido. Y seguro, me arrepentiré de haber nacido.
Leo, casi permanentemente, cada vez que puedo hacerlo, a veces los mismos libros, y eso me inquieta. Escribo durante la noche, afiebrado, a veces sin calma y sin pausa, mi espíritu no reposa, pensando que la memoria puede abandonarme, y no podré seguir haciéndolo. Pero mi conciencia prevalece, y tranquiliza la lucha conmigo mismo.
En toda mi vida, he sido un hombre que se hizo preguntas y siempre buscó respuestas. Y aún lo sigo y lo seguiré haciendo. Pero la experiencia me enseñó que además de buscarlas en los libros, en la palabra de los sabios o en la vida misma, debo profundizar la búsqueda en mi sangre y en mi conciencia. Y sin claudicar nunca.
© Derechos Reservados del texto. (III) Archivo: 10/2012
Autor: Miguel F. Romero 20/05/2013. Argentina.
La mayoría de los argentinos, que hemos pasado un poco más de la mitad de la vida, creo que por ser hijos de esta bendita tierra, y por necesidad, somos especiales.
Hemos adquirido la capacidad y la virtud de ser supervivientes, médico de la familia, trabajadores multifunción, buenos cocineros de ricos platos con magros presupuestos, muchas veces sobrevivir con lo que no alcanza, y eficientes economistas. Y muchas cosas más, más por necesidad que por obligación.
Tú crees que eres el más capacitado? Que aprendiste todo? Que ya lo sabes todo? ¿Te sientes superior? Una absurda utopía. Siempre habrá algo que no sabes, y lo tendrás que aprender. Lo bueno es que puedas conseguir alguien que te lo enseñe. Y que tú, puedas aprender. Y antes que sea demasiado tarde.
Trata, en lo posible de no decidir nada apurado, cualquier resultado logrado, puede ser el no esperado. Y no dejes que te apuren. Mira hacia arriba para despejarte y pensar con tiempo, y resuelve sin prisa pero sin pausa, como el movimiento de las estrellas. Y decide con la persistencia y fuerza del sol.
Infinidad de veces solemos pensar sobre algunas personas,” ¡qué increíble lo que pueden hacer, mira donde llegaron por sus logros!” y pensamos que esas personas tienen algún don mágico que les permite hacer maravillas a nuestros ojos. Y creo que no es así, son personas que tienen la fuerza de voluntad y la disposición para llegar a sus metas, sin amedrentarse, sin miedo a los cambios. Nosotros, también podremos hacerlo. Y tal vez, mejor que ellos.
En nuestro país, donde pagamos todo tipo de impuestos, y hasta por adelantado, de lo que presumiblemente, con mucho esfuerzo nos fue posible ganar, siempre buscamos a los mejores expertos en la materia, para asesorarnos.
Aquellos expertos que lograron por algún motivo, reducir la carga impositiva de sus clientes, ya se ganaron un lugar en el más maravilloso de Los Cielos.
Cuando vemos todos los colores con alegría, le sonreímos hasta a los agentes del tránsito, encontramos a todas las flores hermosas, el arco iris tiene más colores de los que tiene, todo nos parece bonito, hasta bajamos de peso sin hacer dieta, y la vida nos sonríe, el único responsable de todo esto es el amor, y seguro que estamos enamorados.
Trata de vivir siempre fijándote metas, y cumplirlas. Otórgale el tiempo necesario, pero debes llegar con tiempo suficiente para gozar de tus logros.
Hazlo paso a paso, y no pienses en utopías, a las que no llegarás nunca.
Nunca pierdas las esperanzas, al ser humano le es imposible vivir sin la esperanza latiendo en su alma. Si la pierdes te sentirás un perdedor, y odiarás la vida misma.
En el tiempo de la vida, existen muchas cosas que de alguna manera, pueden obligarse, poro nunca podrás obligar o forzar al amor, porque el verdadero amor toma como base la libertad de cada uno y la igualdad de los derechos.
Confía en el sentimiento del amor, porque sabe distinguir lo que será bueno para los que se aman de verdad. Pero amar realmente de verdad, con alma y corazón.
Muchos amores contrariados nunca llegarán a ser amor. El verdadero amor se conjuga en la fusión de dos cuerpos y dos almas, en el fuego sagrado de la pasión y el puro sentimiento de amar, y sin límites.
Creo que el pudor, embellece a la mujer, y extraordinariamente, llenándola de luz.
Y es un sentimiento que sólo se permite ceder totalmente y con intensidad, ante otro sentimiento, el supremo sentimiento: el amor.
Cuando nos llegue a todos El Día del Juicio Final, la mayoría de los abogados, con las excepciones de la regla, no tendrán defensa posible, y menos conseguirán abogados defensores, y aún menos todavía algún testigo a favor. Y no tendrán chicanas jurídicas ni ninguna apelación posible. Pero pienso que se asegurarán a algún corrupto en el infierno, para quemarse con privilegios.
Hay muchas cosas realmente misteriosas que para una mente normal son inexplicables.
Pero nada tan misterioso como el ser humano, su vida y su muerte.
Cada día que pasa, en el tiempo de mi vida, siento que me alejo de las cosa que más quiero, e indubitablemente, me acerco a lo que no quiero. Sigo buscando en mi espíritu un lugarcito tranquilo para mi confesionario. Monacal, con mucha luz, lleno de perfume a libros, silencioso, austero, donde, rigurosamente, mi implacable conciencia, castigue o premie mi sinceridad, íntimamente.
A pesar de todo, soy lo que soy. Y estoy seguro más me conocen mis nietos que mis hijos. Porque ahora tengo un poco más de tiempo para ellos, porqué soy doblemente padre, soy su abuelo. Pero es una utopía tener primero nietos, seria hermoso, creo que seriamos más puros.
A veces pienso que me iré de esta vida, que creo que me pesa como la Cruz de Cristo. Siento que no puedo más, sobreviviendo, destruyendo mi estómago con una variedad de diez pastillas diferentes, en tamaños y colores, terriblemente cansado, con mi corazón desgajado, latiendo ayudado por un marcapasos. Pero escucho un “te amo, papá”, o “toma las pastillas, mi viejito”, o un “hola lelo” del mayor de mis nietos, ya con la voz de casi un hombre, que me besa igual a cuando era niño, o “abuelo, te quiero”, o una vocecita que me grita “Abuelito” y me tira de los pantalones para que lo alce en mis brazos, y allí todos me retan porqué pesa más de diez kilos y no debo hacerlo, pero no me importa, lo hago igual, y sonrío, y estoy feliz con el bullicio de todos ellos, y no me quejo más y renazco de mis propias cenizas.
Con presupuestos de gastos monstruosos, seres humanos elegidos por nosotros, se reúnen solamente unas pocas veces al año, a pesar que cuentan con veinte pasajes mensuales de avión de primera clase, que los pagamos nosotros con los impuestos, para sólo imaginar y aprobar leyes que sirvan a los intereses de los poderosos, y nunca se acuerdan de los pobres y desposeídos, y menos aun de los que les pagamos los pasajes. Pasajes que terminan canjeándolos por dinero, sin escrúpulos.
No es cierto aquello de que los delincuentes entran a las cárceles por una puerta y salgan por la otra. Salen recién afeitados, impecables, con un auto último modelo esperándolos, rodeados de abogados que casi es imposible pagarles sus jugosos honorarios, vestidos con costosos trajes, y lo hacen por la misma puerta, muy serios y compungidos, diciéndoles a los periodistas, SOY INOCENTE.
Decir aquello de “el hombre y sus circunstancias” es, como todas las cosas, relativo.
Yo creo que el ser humano es el que crea las circunstancias, y no éstas al ser humano.
Estoy convencido que para que el ser modifique sus circunstancias, debe utilizar su fuerza interior y sus comportamientos cotidianos. Y luego proyectarlos al entorno y al mundo.
Nunca entendí, porque les tapan el rostro a los asesinos y delincuentes que son detenidos “infraganti” .¿ Para qué les preservan el anonimato? Para que nos asalten o nos maten y no podamos identificarlos y denunciarlos? Inexplicable. Y para nuestra burla, cuando salen “con permiso extramuros”, no pasan más de cuarenta y ocho horas para que maten a otro inocente.
Recuerdo con nostalgia y melancolía, aquellos tiempos, donde había tiempo, y todavía tenía tiempo. Y para todo.
La libertad es una condición primordial del ser humano, muy valiosa, pero es un derecho, y no un privilegio de unos pocos. Es nuestra independencia para decidir. Enseñemos a las generaciones venideras a hacer uso de ese derecho, y las preparemos convenientemente. Así evitaremos que los corruptos de siempre, la utilicen como más le convenga a sus propios intereses.
Creo que todos los que vivimos intensamente siempre nos sentimos enfermos incurables de algo. Me confieso enfermo incurable del amor. Y de amar.
El día que dude sobre la moral, mi conciencia me habrá abandonado, y estaré y me sentiré irremediablemente perdido. Y seguro, me arrepentiré de haber nacido.
Leo, casi permanentemente, cada vez que puedo hacerlo, a veces los mismos libros, y eso me inquieta. Escribo durante la noche, afiebrado, a veces sin calma y sin pausa, mi espíritu no reposa, pensando que la memoria puede abandonarme, y no podré seguir haciéndolo. Pero mi conciencia prevalece, y tranquiliza la lucha conmigo mismo.
En toda mi vida, he sido un hombre que se hizo preguntas y siempre buscó respuestas. Y aún lo sigo y lo seguiré haciendo. Pero la experiencia me enseñó que además de buscarlas en los libros, en la palabra de los sabios o en la vida misma, debo profundizar la búsqueda en mi sangre y en mi conciencia. Y sin claudicar nunca.
