Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
No te enfades conmigo, niña hermosa,
que no tienes rivales a la vista.
Para ti muy sencilla es mi conquista,
vas a ser muy feliz y muy dichosa.
Un jardín no te ofrezco, sí una rosa
ya de espinas punzantes desprovista.
Corazón, no le aflijas al artista.
Dime, niña, ¿querrías ser mi esposa?
No te digo mi amante, es ofenderte.
Mi respeto a tu honor es desmedido.
Deja sólo que yo pueda quererte,
¡por favor, niña mía!, te lo pido.
¿Cómo puedo, amor mío, convencerte
de que nunca, jamás, te haya mentido?
Dale un nuevo sentido
a la vida del mísero poeta
que te quiere, te adora y te respeta.
que no tienes rivales a la vista.
Para ti muy sencilla es mi conquista,
vas a ser muy feliz y muy dichosa.
Un jardín no te ofrezco, sí una rosa
ya de espinas punzantes desprovista.
Corazón, no le aflijas al artista.
Dime, niña, ¿querrías ser mi esposa?
No te digo mi amante, es ofenderte.
Mi respeto a tu honor es desmedido.
Deja sólo que yo pueda quererte,
¡por favor, niña mía!, te lo pido.
¿Cómo puedo, amor mío, convencerte
de que nunca, jamás, te haya mentido?
Dale un nuevo sentido
a la vida del mísero poeta
que te quiere, te adora y te respeta.
