Francisco Rubén Jorquera
Miembro Conocido
Océano
Te llama, peregrino, la otra vida,
te llama el mar, las olas a tu hogar,
en su cristal se inclinará la noche.
Un mapa azul dibuja el viejo cielo,
tu nombre vibrará, gastado en tu alma,
mientras florece el sueño de la tierra.
El eco vibrará hondo de la tierra,
respondiendo el latido por tu vida.
Un rayo te atraviesa por el alma,
descubriendo en tus pasos otro hogar...,
y allá en lo alto, respira el mismo cielo
donde emergiste desde la gran noche.
Bajo el silencio denso de la noche,
una raíz te funde con la tierra,
se abre una grieta blanca allá en el cielo,
donde transcurre justa y fiel tu vida,
y en cada sombra encuentras un hogar,
guardado en el latir leal de tu alma.
No temas lo valioso de tu honda alma,
ni el eco pasajero de la noche,
pues todo fue llamado del hogar,
a esa mujer dormida: nuestra tierra,
a ese temblor sin fin que da la vida,
y se disuelve en canto por el cielo.
Desde el incendio azul ardido el cielo,
se alza una paz tranquila y pura en tu alma,
renace en luz el pulso de la vida,
girando en su destino cada noche,
hasta posarse aquí, ya sobre tierra,
donde al final se enciende nuestro hogar.
Ya el círculo respira en el hogar,
teje un dorado sueño desde el cielo,
y enlaza con su resplandor la tierra,
cerrando así la música del alma,
calmado el mar sin sombras de la noche,
que al fin halló su aurora aquí en la vida.
Mi voz fluye a la tierra, de la vida,
desde el cielo, navegaré a mi hogar
reluciendo la noche eterna, mi alma.
Te llama, peregrino, la otra vida,
te llama el mar, las olas a tu hogar,
en su cristal se inclinará la noche.
Un mapa azul dibuja el viejo cielo,
tu nombre vibrará, gastado en tu alma,
mientras florece el sueño de la tierra.
El eco vibrará hondo de la tierra,
respondiendo el latido por tu vida.
Un rayo te atraviesa por el alma,
descubriendo en tus pasos otro hogar...,
y allá en lo alto, respira el mismo cielo
donde emergiste desde la gran noche.
Bajo el silencio denso de la noche,
una raíz te funde con la tierra,
se abre una grieta blanca allá en el cielo,
donde transcurre justa y fiel tu vida,
y en cada sombra encuentras un hogar,
guardado en el latir leal de tu alma.
No temas lo valioso de tu honda alma,
ni el eco pasajero de la noche,
pues todo fue llamado del hogar,
a esa mujer dormida: nuestra tierra,
a ese temblor sin fin que da la vida,
y se disuelve en canto por el cielo.
Desde el incendio azul ardido el cielo,
se alza una paz tranquila y pura en tu alma,
renace en luz el pulso de la vida,
girando en su destino cada noche,
hasta posarse aquí, ya sobre tierra,
donde al final se enciende nuestro hogar.
Ya el círculo respira en el hogar,
teje un dorado sueño desde el cielo,
y enlaza con su resplandor la tierra,
cerrando así la música del alma,
calmado el mar sin sombras de la noche,
que al fin halló su aurora aquí en la vida.
Mi voz fluye a la tierra, de la vida,
desde el cielo, navegaré a mi hogar
reluciendo la noche eterna, mi alma.
