Francisco Escobar Bravo
Miembro Conocido
Logré formar un convento
pletórico de alegría,
pero arribó en un mal día
no un sabio sino un jumento.
Y se cargó en un momento,
presumiendo de experiencia,
lo que con santa paciencia
con mis frailes supe hacer...
¿Le ayudo alguna mujer?
Tiene toda la apariencia.
Presume de gran poeta
y malo no lo es del todo,
es feo cual Quasimodo
y está un poco majareta.
Él a muy pocos respeta
y bien suceder pudiese
que un guantazo le metiese
pese a su extrema vejez.
Pero es que a tanta altivez
es preciso poner cese.
Firma con apodo raro,
cosa ya que me disgusta
pues parece que le asusta
su nombre y requiere amparo.
¿Será que por el descaro
con el que trata a la gente
temerá que, de repente,
le sacudan un leñazo?
Porque es bastante pelmazo,
y muy poco inteligente.
Afirma que le invité
a mi convento. Aseguro,
si desean se lo juro,
que jamás ni lo pensé...
Incluso es que me admiré
cuando le vi ante la puerta,
pero al estar ésta abierta
lo tomé por limosnero.
- Querrá un poco de dinero,
de seguro es cosa cierta.-.
Pero el golfante venía
a observar y tomar nota,
tomándome por idiota.
¡Vamos...! Que vino de espía.
- ¡Idiota será su tía,
No sé si meterlo preso
o esperar a que el obseso
por sí solo se delate.
Loco hay que ser de remate
para dármela con queso.-
Al fin cantó el pajarillo,
mas bastante mal cantó.
Tanto repelús nos dio
que hasta tembló un pobre grillo.
- Ya no es usted un chiquillo,
deje de ser zascandil,
porque es conducta muy vil
ser espía en casa ajena..
Pero me causa gran pena,
esa demencia senil. -.
Del convento fue al camino,
llevando de compañera
a una taimada embustera
con la que tuve mal tino.
Cometí hasta el desatino
de creer en su amistad,
ignorando su maldad.
Un error que es muy frecuente.
Pero que quede patente:
- ¡Siempre digo la verdad! -.
Y en el convento la vida
prosigue con total calma.
Bien tranquila tengo el alma,
pero se encuentra advertida.
Esta vez fue divertida
la cosa, mas atención
porque en distinta ocasión
en vez de un viejo alocado,
si no prestamos cuidado,
puede colarse un ladrón.
pletórico de alegría,
pero arribó en un mal día
no un sabio sino un jumento.
Y se cargó en un momento,
presumiendo de experiencia,
lo que con santa paciencia
con mis frailes supe hacer...
¿Le ayudo alguna mujer?
Tiene toda la apariencia.
Presume de gran poeta
y malo no lo es del todo,
es feo cual Quasimodo
y está un poco majareta.
Él a muy pocos respeta
y bien suceder pudiese
que un guantazo le metiese
pese a su extrema vejez.
Pero es que a tanta altivez
es preciso poner cese.
Firma con apodo raro,
cosa ya que me disgusta
pues parece que le asusta
su nombre y requiere amparo.
¿Será que por el descaro
con el que trata a la gente
temerá que, de repente,
le sacudan un leñazo?
Porque es bastante pelmazo,
y muy poco inteligente.
Afirma que le invité
a mi convento. Aseguro,
si desean se lo juro,
que jamás ni lo pensé...
Incluso es que me admiré
cuando le vi ante la puerta,
pero al estar ésta abierta
lo tomé por limosnero.
- Querrá un poco de dinero,
de seguro es cosa cierta.-.
Pero el golfante venía
a observar y tomar nota,
tomándome por idiota.
¡Vamos...! Que vino de espía.
- ¡Idiota será su tía,
No sé si meterlo preso
o esperar a que el obseso
por sí solo se delate.
Loco hay que ser de remate
para dármela con queso.-
Al fin cantó el pajarillo,
mas bastante mal cantó.
Tanto repelús nos dio
que hasta tembló un pobre grillo.
- Ya no es usted un chiquillo,
deje de ser zascandil,
porque es conducta muy vil
ser espía en casa ajena..
Pero me causa gran pena,
esa demencia senil. -.
Del convento fue al camino,
llevando de compañera
a una taimada embustera
con la que tuve mal tino.
Cometí hasta el desatino
de creer en su amistad,
ignorando su maldad.
Un error que es muy frecuente.
Pero que quede patente:
- ¡Siempre digo la verdad! -.
Y en el convento la vida
prosigue con total calma.
Bien tranquila tengo el alma,
pero se encuentra advertida.
Esta vez fue divertida
la cosa, mas atención
porque en distinta ocasión
en vez de un viejo alocado,
si no prestamos cuidado,
puede colarse un ladrón.
