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Poema

Yuretzis Garcia

Miembro Activo
Estoy enamorada de un hombre de 54 años
Estoy enamorada de un hombre de 54 años, con una sabiduría densa que camina bajo la firmeza de cada una de sus palabras y la fidelidad de sus actos, de humilde sonrisa, noble mirada y voz erguida y fuerte, que nunca deja que su opinión se desvanezca entre el ruido de aquellos que no saben escuchar.
Estoy tan enamorada, que aunque aquel cabello, que irradiaba destellos de la noche más oscura, ha cambiado con cada gota del tiempo, dejando ver algunas canas, sigo viendo la fuerza de la juventud en ese deseo irrefrenable de oponerse ante lo improcedente.
El hombre de quien les hablo tiene cinco hijos pero ha sido un verdadero padre para centenares de jóvenes dentro de aulas de clases. Tiene un bigote de hermoso señor, que luce interesante, combinándole con el marrón de sus ojos. Y, aunque mi color favorito es el azul, les aseguro que nunca vi marrón tan hermoso ni ojos tan cálidos, mi corazón no resiste lo solemne de esa mirada tan sabia y alegre ¡Qué sorprendente espectáculo!
No puedo negar la admiración que siento por aquel caballero, el respeto que le profeso y las lecciones que de él guardo, me han hecho la mujer que soy ahora.
Un hombre que, a pesar de la muerte de su amada, me tomó de la mano y me dijo:
Seguiremos luchando.

Y yo aprendí a no rendirme, tomé con cuidado esa mano, sin aferrarme,
porque me enseñó a ser independiente y fiel a mí misma.
Ese hombre de quien les hablo piensa que todo se resuelve con amor y cada día estoy más enamorada.
Me enseñó que el primer reconocimiento es el que nos hacemos a nosotros mismos.
Él es mi pensamiento constante, mi dicha, la felicidad que me acude, mi mejor maestro, mi mejor amigo.
De él he pegado todas las lecciones en los pergaminos de mi conciencia. Él, que me ve llegar y dice con voz fuerte: ¡Esa es mi hija! Y yo, sonrojada, viendo ese orgullo, respondo con la misma intensidad:
¡Bendición papá!
 
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Estoy enamorada de un hombre de 54 años
Estoy enamorada de un hombre de 54 años, con una sabiduría densa que camina bajo la firmeza de cada una de sus palabras y la fidelidad de sus actos, de humilde sonrisa, noble mirada y voz erguida y fuerte, que nunca deja que su opinión se desvanezca entre el ruido de aquellos que no saben escuchar.
Estoy tan enamorada, que aunque aquel cabello, que irradiaba destellos de la noche más oscura, ha cambiado con cada gota del tiempo, dejando ver algunas canas, sigo viendo la fuerza de la juventud en ese deseo irrefrenable de oponerse ante lo improcedente.
El hombre de quien les hablo tiene cinco hijos pero ha sido un verdadero padre para centenares de jóvenes dentro de aulas de clases. Tiene un bigote de hermoso señor, que luce interesante, combinándole con el marrón de sus ojos. Y, aunque mi color favorito es el azul, les aseguro que nunca vi marrón tan hermoso ni ojos tan cálidos, mi corazón no resiste lo solemne de esa mirada tan sabia y alegre ¡Qué sorprendente espectáculo!
No puedo negar la admiración que siento por aquel caballero, el respeto que le profeso y las lecciones que de él guardo, me han hecho la mujer que soy ahora.
Un hombre que, a pesar de la muerte de su amada, me tomó de la mano y me dijo:
Seguiremos luchando.
De mi autoría.

Y yo aprendí a no rendirme, tomé con cuidado esa mano, sin aferrarme,
porque me enseñó a ser independiente y fiel a mí misma.
Ese hombre de quien les hablo piensa que todo se resuelve con amor y cada día estoy más enamorada.
Me enseñó que el primer reconocimiento es el que nos hacemos a nosotros mismos.
Él es mi pensamiento constante, mi dicha, la felicidad que me acude, mi mejor maestro, mi mejor amigo.
De él he pegado todas las lecciones en los pergaminos de mi conciencia. Él, que me ve llegar y dice con voz fuerte: ¡Esa es mi hija! Y yo, sonrojada, viendo ese orgullo, respondo con la misma intensidad:
¡Bendición papá!
YURETZIS

Un padre profesor…

una hija maravillosa…

(Mi madre fue profesora)

Abrazos y besos desde mi balcón quiteño,
lleno de geranios multicolores,

Guillermo.

 

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