Francisco Rubén Jorquera
Miembro Conocido
Viaje Definitivo
Se irá mi rastro, más están las aves,
cantando claro sobre mi jardín;
tañendo bronces ríen las campanas,
y se elevan ligeras hacia el alma,
mientras despierta quieta la ciudad,
en el murmullo eterno de la tarde.
Susurra el viento en cada nueva tarde,
lleva del norte el canto de las aves.
No frena el pulso, sigue la ciudad,
pues palpita y florece mi jardín,
donde germinará la luz de mi alma,
con el eco profundo de campanas.
Reverberando astrales las campanas,
marcan áureos signos en la tarde,
y en su cósmico son se eleva el alma,
en la garganta libre de las aves,
permaneciendo fieles al jardín,
mientras renueva el ciclo la ciudad.
Brota de abril latidos de ciudad,
pulsando al cielo graves las campanas,
vibran los brotes tiernos del jardín,
aclara el sol la curva de la tarde.
Vienen del sur los trinos de las aves,
pidiendo al cielo gracia para mi alma.
No sé si vive en mí la errátil alma,
o si la guarda al centro la ciudad;
quizá sus torres canten como las aves,
cuando repique el bronce de campanas,
y se diluya el mundo en una tarde
mientras cubren las sombras al jardín.
Solo el amor respira en el jardín,
cuando retorna el soplo astral de mi alma
con el rumor dorado de la tarde;
crece en su centro toda la ciudad,
y canta más humana en las campanas
en la extensión eterna de las aves.
se elevan en la tarde viejas aves,
llaman al alma desde mi jardín,
y las campanas callan la ciudad.
Se irá mi rastro, más están las aves,
cantando claro sobre mi jardín;
tañendo bronces ríen las campanas,
y se elevan ligeras hacia el alma,
mientras despierta quieta la ciudad,
en el murmullo eterno de la tarde.
Susurra el viento en cada nueva tarde,
lleva del norte el canto de las aves.
No frena el pulso, sigue la ciudad,
pues palpita y florece mi jardín,
donde germinará la luz de mi alma,
con el eco profundo de campanas.
Reverberando astrales las campanas,
marcan áureos signos en la tarde,
y en su cósmico son se eleva el alma,
en la garganta libre de las aves,
permaneciendo fieles al jardín,
mientras renueva el ciclo la ciudad.
Brota de abril latidos de ciudad,
pulsando al cielo graves las campanas,
vibran los brotes tiernos del jardín,
aclara el sol la curva de la tarde.
Vienen del sur los trinos de las aves,
pidiendo al cielo gracia para mi alma.
No sé si vive en mí la errátil alma,
o si la guarda al centro la ciudad;
quizá sus torres canten como las aves,
cuando repique el bronce de campanas,
y se diluya el mundo en una tarde
mientras cubren las sombras al jardín.
Solo el amor respira en el jardín,
cuando retorna el soplo astral de mi alma
con el rumor dorado de la tarde;
crece en su centro toda la ciudad,
y canta más humana en las campanas
en la extensión eterna de las aves.
se elevan en la tarde viejas aves,
llaman al alma desde mi jardín,
y las campanas callan la ciudad.
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