Con la lánguida luz
del final del otoño,
al pie de una roca,
enterré el beso
que me diste,
el dolor de mi vida,
el que me robó
el suspiro del amor
y me condenó
a la esclavitud
de los celos.
Lo enterré profundo
con la esperanza
de que el tiempo
y el peso del granito
hicieran
lo que mi razón no...