Bien plantado en el piso, sin melodrama,
con un sombrero majo, cubre sus ojos.
Ante el repiqueteo, mis labios rojos
se transforman en fuego, de fría llama.
Por los hombros desnudos de pentagrama
cae mi chal antiguo, sin sus antojos.
Cerrada está la puerta con los cerrojos.
Mil deseos perdidos...