Ansiaba un comensal darse un banquete
y vino el camarero con el plato,
pisóse los cordones de un zapato,
traspiés, y al pantalón se fue el filete.
- ¡Menudo tropezón! Pues en un brete
me ha puesto la torpeza del pazguato,
a más de que la carne no la cato
estando, al parecer, de rechupete...