¡Y lo encontré!
Con sigilo y sin mucho esmero
hallé tu refugio en los montes,
lo guardabas entre la selva
y las piedras del saltamontes.
Lastimándome entre la hierba
me topé con una huella,
parecía un animal
que buscaba su raleza,
pero no, eras tú,
el señor de la querencia,
hombre sagaz y...