Llegabas a la parada,
me crucé con tu mirada,
tú tomabas la partida,
y estaba yo de venida.
Tus maletas iban llenas
de ilusiones por docenas,
la mía estaba vacía,
ruinosa, vetusta y fría.
Me vieron tus dulces ojos
sin advertir mis despojos,
reíste con alegría
ansiando encontrar la mía...