Y llorando en una esquina,
donde la oscuridad le protege,
va aliviando la pena
que le tocó en suerte.
Que nadie elige destino,
pero si su purgatorio,
y las lágrimas que derrama
para lavar su mortuorio.
El frío se atenaza,
con una amarga escarcha,
sobre el corazón aterido
y el recuerdo de la...